
Cuando llega el frío al bosque los pájaros
corren grandes peligros. No hay mucha comida y
tienen que hacer largos recorridos para
encontrarla. Tan largos que algunos se pierden,
o caen agotados al suelo, sin fuerzas para
seguir volando.
Es por eso que,
en este tiempo invernal, las Hadas se preocupan
mucho por ellos y cuando el sol empieza a
ocultarse, recorren los bosques y las orillas de
los lagos en busca de pajaritos perdidos o
cansados para darles cobijo.

Pero hay un Hada, a quien las mamá pájaro
quieren de forma especial, porque siempre está
dispuesta a cuidar de los pequeños mientras los
mayores buscan el alimento que necesitan.
Ella los acomoda entre sus cabellos,
adornados con flores y pequeñas ramas, y deja
que duerman o que jueguen hasta que sus papás
regresan. Y si, por alguna desgracia, no lo
hacen, cuida de ellos hasta que son lo bastante
mayores para cuidarse por sí mismos.
Es mucho trabajo, pero nunca, nunca, el Hada
se ha quejado.
No estoy
segura de cual es su nombre, pero los pájaros la
llaman Alita.
