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Atalanta e Hipómenes: Pintura de Jacob Peter Gowy.



 

Atalanta, hija de Esqueneo, rey de Esciros, sentía tanta pasión por la caza y la vida al aire libre que no abandonaba jamás los bosques ni las montañas.

Vivía en permanente ejercicio y entrenamiento, logrando adquirir tal ligereza y velocidad en la carrera que se tenía por casi imposible el alcanzarla.



Pedida en matrimonio por multitud de pretendientes, Atalanta les anunció, de acuerdo con su padre, que sólo concedería su mano al que lograse derrotarla en una carrera pero que daría muerte sin piedad a los que resultaran vencidos.

Muchos habían perecido ya cuando el joven Hipómenes, enamorado de Atalanta, pidió ayuda a la diosa Afrodita. Deseaba tanto ser el esposo de la joven que estaba dispuesto a cualquier sacrificio. Y Afrodita, conmovida por sus súplicas le prestó su ayuda.

 



Sabía la diosa que Atalanta acostumbraba a dar una ligera ventaja a los jóvenes que competían con ella y así hacer aún más evidente su victoria sobre ellos. Esa presunción de la joven ayudaría a Hipómenes. Afrodita le entregó tres hermosas manzanas de oro y le instruyó sobre el modo en que debía emplearlas.
 


Llegó el día convenido para la carrera entre Atalanta y el joven Hipómemes. Suena la señal de partida y Atalanta, siguiendo su costumbre, deja que Hipómenes salga un momento antes que ella. El joven corre tan rápido como puede y cuando observa que Atalanta se ha lanzado a la carrera, deja caer al suelo una de las manzanas de oro.

Atalanta, sorprendida por la belleza y el brillo de la fruta, se detiene a recogerla. Hipómenes vuelve a tomarle considerable ventaja y así se repite la estratagema con tan buena medida del tiempo que logra llegar el primero a la meta y obtener el premio convenido.

Hipómemes se casó con Atalanta y todas las crónicas cuentan que su amor duró hasta el fin de sus vidas.

 

 

Diseño, texto y gráficos de Trenzas.

Remodelada en Septiembre 2008

La música de esta página: "Glass Full of Wine"