Al anochecer, las Hadas inventan sus lugares
de reunión, que son tan mágicos como las
mismas Hadas. Siempre tienen el clima que
las Hadas quieren que tengan y siempre hay
un poco de todo para que ninguna encuentre
nada en falta.
Al borde del arroyo se extienden suaves
praderas de hierba tierna donde poder
bailar, árboles dorados donde esconderse,
casas acogedoras donde descansar...
Cuando las hadas desean un lugar mágico,
sólo han de dibujarlo en su mente y el lugar
pensado se materializa, surgiendo de la
nada.

Dicen que, de vez en cuando, las Hadas
otorgan ese maravilloso don a algún mortal.
Nunca dicen a quien le han concedido algo
tan especial. Prefieren que sean los propios
mortales quienes descubran si lo poseen.
Si puedes cerrar los ojos y ver tus
ilusiones dibujadas en tu pensamiento, no
hay duda; eres uno de los afortunados.