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Desde
hace más de 6.000 años, el Grifo está presente en la
iconografía y en el arte del Mediterráneo y de Oriente
Medio. Nunca, en todos esos siglos, ha sido dejado en el
olvido, cosa realmente extraordinaria si tenemos en cuenta que
jamás el Grifo ha sido elevado a categoría de mito, a
diferencia de otros animales fantásticos protagonistas de
grandes hazañas. 
El
Grifo une en su figura los dos animales que, más que ningún
otro, encarnan la fuerza, la belleza y el poder: el águila y
el león. Muy
pocas leyendas incluyen al grifo como participante, ya que no
como protagonista. La más conocida aparece en la época
medieval, en una epopeya dedicada a Alejandro Magno. Y dice
así...

Alejandro,
después de conquistar la mayor parte del mundo conocido,
quiso ver cuan grandes eran sus dominios pero eso no podía
verlo a ras de suelo y decidió elevarse en el aire para poder
contemplar toda la tierra conquistada. Ordenó construir una
ligera barquilla en forma de cesto a la que encadenó tres
fuertes grifos, subió a la cima
de una alta montaña y se acomodó dentro de la barquilla
provisto de unas largas varas en cuyo extremo había colgado la
comida preferida de los grifos. Los animales, intentando coger
su alimento, alzaron el vuelo. Y Alejandro pudo ver la
Tierra entera, rodeada por un sinuoso Dragón azul. Luego
el vehículo y su ocupante cayeron al suelo sin ninguna
consecuencia trágica.
Pese
a la fama de Alejandro Magno, esta leyenda dejó poca huella
en el imaginario popular y el Grifo sigue siendo lo que
siempre ha sido: el más elegante, sobrio y poderoso de los
animales legendarios, figura imprescindible en estandartes y
escudos, mudo compañero de reyes y dioses.
Diseño y texto
de Trenzas
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