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Isabella, era una linda joven, hija de un hacendado muy rico.
Cuando el padre murió, la dejó al cuidado de sus dos
hermanos con el encargo expreso de que cuando decidiera
Isabella tomar esposo, la dotaran generosamente pero
era otro el plan de los hermanos. Pensaban casar a la
muchacha con algún rico gentilhombre que se conformara
con una pequeña dote y así ellos quedaban dueños de
la mayor parte de la fortuna familiar.

Sin embargo, sus planes fracasaron. Isabella estaba enamorada
de Lorenzo, un sirviente de la casa que también la
amaba mucho y temiendo la dura oposición familiar, se
casaron en secreto. Los hermanos de Isabella fingieron
conformarse pero a no tardar atrajeron a Lorenzo hacia un
espeso bosque y lo asesinaron, dejando su cadáver enterrado
en el mismo lugar.
Isabella esperó y esperó
que Lorenzo volviera y se afligía cada vez más. Rezaba
continuamente y pedía que le fuera permitido saber que
había sido de su esposo. Una noche, Lorenzo se le
apareció en sueños y le contó lo que había pasado y el
sitio exacto donde yacía su cuerpo muerto. Isabella fue
al bosque, y guiada por las indicaciones
recibidas, encontró la tumba de su esposo
y con ella la confirmación del asesinato. Con un
tremendo dolor, sin saber muy bien lo que hace, Isabella
toma la cabeza de su esposo y la lleva a su casa, donde
la entierra en una gran maceta llena de buena tierra y
planta en ella semillas de albahaca que, al poco
empiezan a brotar y crecen rápidamente.
Desde
ese día Isabella no se separó de su planta.
Hablaba continuamente con ella, la regaba con sus lágrimas
y la mimaba de todos los modos posibles. Su obsesión por
la planta empezó a ser
mal vista por amigos y familiares que llamaban a Isabella
"la pobre loca".
Sus hermanos, en un último esfuerzo por que recobrara la
cordura, casarla y librarse de su molesta presencia, le robaron la
planta. Salieron al campo, y deseando borrar todo rastro de
ella, la estrellaron contra el suelo. Y allí descubren la cabeza de Lorenzo, cuyos
ojos muertos les acusan de su crimen.
Espantados
los dos hermanos huyeron del país y nadie más supo de ellos.
En cuanto a Isabella, vagó por los campos y bosques sin
consuelo posible, en busca de su amada planta de albahaca,
hasta que la muerte la liberó de su tortura.

Este relato es, en su origen, un poema
de John Keats, escrito en 1820.
Diseño
y gráficos de Trenzas
Marzo,
2002
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