Eco y Narciso. Pintura de  Waterhouse. 1903

Al nacer Narciso, sus padres consultaron al famoso adivino Tiresias, acerca del porvenir del recién nacido. La respuesta fue que "el niño viviría hasta una edad avanzada si no llegaba a contemplarse a sí mismo".

Su madre, la ninfa Liríope, evitó que hubiera espejos o superficies pulidas en los lugares que Narciso frecuentaba, intentando que no se viera nunca reflejado.

Narciso se convirtió en un joven de extraordinaria hermosura del que todas las muchachas se enamoraban, pero él permanecía alejado de ellas y no les prestaba la menor atención.

Un día, la ninfa Eco le vio, y concibió un intenso amor por Narciso pero no consiguió más que las otras. Desesperada, se retiró a un lugar solitario, donde, consumida por su pasión adelgazó tanto, que solo quedó de ella un hilo de lastimera voz. 

Las doncellas despreciadas por Narciso, pidieron venganza al cielo.

La diosa Némesis escuchó sus quejas y decidió intervenir en contra del joven. Narciso salió a cazar una tarde y la diosa provocó un calor tan fuerte que el joven, agotada su reserva de agua se acercó a un arroyo para beber. 

Al inclinarse sobre el agua vio su rostro por primera vez y al instante se enamoró de aquella imagen. Tan fuerte es el amor que le posee que, insensible al resto del mundo, con los ojos fijos en la imagen que el agua le devuelve, se deja morir en su contemplación.

Y en el lugar de su muerte, brotó una nueva flor a la que se le dio su nombre: Narciso.

Acerca de la leyenda de Narciso, se cuentan otras dos versiones. Aquí he relatado la más conocida de ellas, que es la que figura en "Las Metamorfosis", de Ovidio.

 

Diseño, texto y gráficos de Trenzas

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