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Faltaban
aún cuatro siglos para que Alejandro
Magno viniera al mundo, cuando en Frigia (la
actual Anatolia, en Turquía), un oráculo
anunció al pueblo que un día verían llegar
por la Puerta del Este, a su verdadero rey y que
le reconocerían por el hecho de que, al
atravesar esa puerta, un cuervo se posaría en
su carro.
Algún
tiempo después un pastor, llamado Gordias, se
dirigía a la ciudad por el camino del este y
justo al pasar la puerta, el cuervo
profético se posó en el yugo de su carro de
bueyes. Los ciudadanos aclamaron a Gordias, lo
llevaron al templo y le coronaron rey.

Cuando
intentaron quitar el yugo que uncía los bueyes
a la carreta de su reciente soberano,
descubrieron que les era imposible deshacer el
nudo de la correa de cuero que lo sujetaba al
timón.
El
oráculo intervino de nuevo y predijo que quién
lograra desatar el nudo sería el dominador de
toda Asia.

Alejandro
tuvo conocimiento de la existencia del nudo y de
la leyenda que lo acompañaba. Llegado a
la ciudad de Gordion, se dirigió al templo de
Zeus donde le pusieron frente al yugo con el
nudo intacto. Intentó deshacerlo. Una y otra
vez buscó un cabo de donde tirar, un
hueco entre la ligazón, un punto débil en el
endurecido cuero pero el nudo resistió a todos
sus intentos.
Alejandro
agotó su paciencia. No sería un nudo quien
detuviera sus vertiginosas conquistas ni pusiera
en tela de juicio su capacidad para conseguir
cuanto quisiera. Desenvainó la espada y con
un potente y certero tajo, cortó el nudo.
El
camino hacia la total dominación de Asia quedaba
despejado.


Diseño,
texto y gráficos de Trenzas
Mayo
2003-Septiembre 2008
La
música de esta página: "In the Mystic Land
Egypt" Ketelbey
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