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Pegaso, el más noble entre los
animales del Olimpo; aquel a quien Zeus encomendó la custodia del rayo y el
trueno y que nos mira desde la constelación que lleva su nombre.

Perseo
mató a Medusa y de la sangre de ésta, nació Pegaso.
Cuentan, que poco después de su nacimiento, Pegaso golpeó con una potente coz el
Monte Helicón y, allí donde había golpeado, brotó un manantial que se
consagró a las Musas y que según se cree, es la fuente de toda inspiración.

Belerofonte,
príncipe de Corinto, deseaba poseer a Pegaso pero el mágico corcel no se
dejaba capturar. Una noche que Belerofonte dormía en el templo de Atenea, la
diosa le prometió una brida de oro con la que conseguiría capturar a Pegaso.
Al
despertar el príncipe, tenía la brida de oro junto a él y con su poder
consiguió al caballo alado, que le sirvió fielmente. Juntos realizaron grandes
hazañas, entre las que destacan sus victorias sobre la Quimera y las Amazonas

Belerofonte,
lleno de orgullo por estas hazañas creyó merecer un lugar entre los
dioses y ordenó a Pegaso que lo llevara hasta la cima del Monte Olimpo. Pero
esta manifestación de soberbia no gustó al prudente caballo que, a mitad de
camino del Olimpo, derribó a su jinete y dejó que Belerofonte vagara
eternamente entre los mortales, rechazado por los dioses.
Zeus recompensó
como se merecía a Pegaso, que vive para siempre entre los dioses y en las
estrellas.

Diseño,
texto y gráficos de Trenzas. Enero,
2002. Remodelada en Julio 2007.

La
música de esta página:
"Revolutionary",
de Frederic Chopin
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