|


Entre
las gentes de la tribu Moshi, el Tambor Real era,
y es,
un cargo importante. Quien lo ostenta goza de un
gran prestigio, siendo una de sus obligaciones
estar siempre a disposición del Rey y hacer
saber sus reales deseos, mediante los diferentes
toques de tambor, que se escuchan a muchos
kilómetros de distancia.
La voz del tambor, es la Voz Real.

Pero hubo un tiempo en que el Rey descuidó
sus obligaciones y tuvo que ser el Tambor Real
quien se las recordara. Ocurrió así:
Durante las fiestas anuales de los Moshi,
acudió a la capital, para asistir a las
celebraciones, una hermosa joven, hija querida
de un príncipe vecino. El rey de los Moshi
concibió un encendido amor por la muchacha
y, de inmediato, la pidió en matrimonio. Por
desgracia para el rey la joven ya estaba
comprometida y el Rey, no pudiendo romper el
compromiso adquirido por el padre de la
joven, cayó en una profunda tristeza y
descuidó de forma lamentable los asuntos de
su reino.

Esta circunstancia fue una gran noticia para
una tribu enemiga, que decidió aprovechar el
momento para invadir al pueblo Moshi. Y sus
guerreros empezaron a saquear aldeas , a quemar
los campos y a llevarse como esclavos a los
niños.
Los consejeros del soberano iban a
palacio todos los días a rogar al Rey que
ordenara al Tambor que tocara a combate para que
los hombres moshi se aprestaran a combatir al
enemigo, pero el rey, ni siquiera quería
recibirlos. Nada le importaba.
Y así las cosas, con los enemigos acercándose
y el Rey indiferente a todo, fue el hombre sabio
encargado del tambor quien dio el paso decisivo,
arriesgándose a morir por ejecutar la orden sin
permiso del monarca. Y así, no pudiendo
soportar más la masacre que los guerreros enemigos
estaban haciendo con su pueblo, el bravo
músico subió a la cima de una colina e hizo que
su tambor sonara tan fuerte como para que no
quedara hombre, mujer ni niño moshi que dejara
de oírlo, desde cualquier lugar del país en que
se encontraran.

Creyendo que, por fin, el Rey había
ordenado la defensa, todos los habitantes se
aprestaron, llenos de coraje, a pelear por su tierra y con la
determinación y el valor de todos, lograron hacer huir al
enemigo.
Y el Rey reaccionó, y reconoció su culpa ante
su pueblo, dando el mérito de la victoria a
quien lo merecía y que, hasta hoy, no tiene más
nombre que el de "Tambor del Rey".

 
La música de esta página: "África"
 
Diseño, texto y gráficos de Trenzas. Septiembre,
2008
|